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Paso 1: Bajar el volumen de la defensiva

Cuando surge un conflicto en el hogar, nuestro instinto más primitivo es protegernos. Activamos un "escudo invisible" y, casi de inmediato, subimos el volumen de la defensiva. Esto significa que mientras la otra persona está hablando, nosotros no estamos escuchando su dolor; estamos armando la lista de reproches que le vamos a tirar en cuanto se quede sin aire.

Bajar el volumen de la defensiva exige un esfuerzo consciente y maduro. Significa apagar el impulso de justificarse y tener la valentía de preguntar: "¿Qué es lo que te duele de lo que hice?" en lugar de atacar con un "¿Y vos qué me decís de lo que hiciste ayer?".

"El diálogo no es una guerra de quién gana la discusión, sino un trabajo en equipo para rescatar la paz."

Esta noche puliremos los ejercicios prácticos para lograr calmar el pulso, respirar hondo frente al mate y domar la necesidad de tener siempre la última palabra. Un hogar sabio sabe cuándo hacer silencio para dejar que el amor hable."

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